HISTORIA DE LA LLORONA
La fogata ardía y las llamas se agitaban como si quisieran escapar de algo. De repente, todo quedó en silencio, ya nadie se reía, nadie hablaba. Solo permaneció el susurro de un viento frio que acariciaba nuestros rostros y movía nuestros cabellos Entonces, como si se tratara de una película de terror, una mujer emergió de entre los árboles.
Todos sabíamos de quién se trataba, nuestros abuelos y padres nos habían advertido de su existencia la llorona cuidado con la llorona . Traté de decirme a mí misma que no era real, que no podía serlo, pero en la realidad se hizo un surco que me impidió diferenciarla del mito.
La mujer gritaba y sentí que mi piel se estremecía. Miré los rostros de los demás y una palidez extraña los había invadido. Sus cuerpos estaban quietos como si temieran llamar la atención de aquel ente; no puedo negarlo, yo también tenia miedo.
De pronto, la llorona levantó el velo que le cubría el rostro. Como si se tratara de un rito demoniaco, dejó al descubierto su rostro pálido y demacrado. Sus ojos parecían hurgar en lo más profundo del alma. Me miró e intenté desviar la vista pero una especie de magia me lo impedía. La contemplé y entonces comenzó a hablar.
No, yo no era como me ven ahora, yo era hermosa, no estos despojos de mujer atormentada, pero fue su culpa .La culpa de ese hombre. Él me engañó, me destrozó el corazón, dijo la Llorona con una voz tan afligida como si fuera capaz de revivir el momento que la trastornó, una y otra vez.
Yo lo amaba, pero éramos muy distintos. Él era un criollo , sus padres eran ricos y yo no tenía nada, solo mi amor, así que sin pensarlo me entregué a él. Formamos un lazo que dio como fruto dos pequeños mis hijos.
Pasaron algunos años y el amor que creí que sería para siempre se terminó. De la manera más cruel me dijo un día voy a casarme, y yo me volví loca, le dije que no podía hacer eso, que yo lo amaba, que teníamos dos hijos, pero él me tomó de las manos violentamente y dijo que yo era una cualquiera que solo quería su dinero… dijo, dijo que yo no lo amaba y que me quitaría a mis hijos Mis hijos, mis pequeños hijos. Así que esa noche supe qué tenía que hacer, él no podía llevarse a mis criaturas, yo no podía permitirlo.
Esa misma noche fui por ellos y les dije que iríamos de paseo.
Caminamos, mis hijos iban muy contentos, recuerdo sus saltitos y su alegría tan infantil, tan inocente. Casi me arrepentía de lo que estaba a punto de hacer pero, justo cuando llegamos a la orilla, escuché una voz que gritaba mátalos, mátalos. La voz no se detenía y no sabía qué hacer, quería que se callara pero no lo hacía. Una terrible ira me invadió y recordé al canalla que me había humillado, que quería quitarme a mis hijos. Sentí como todo el amor que le tenía se transformaba en odio.
Sin pensarlo más tiempo tomé a mis hijos y sumergí sus cabecitas en el agua. Los niños luchaban por su vida, daban golpes al agua, pero yo no dejaba de presionar sus cabezas hasta que de repente ya no se movían.
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Cuenta la leyenda que, a mediados del siglo XVI, durante las noches de luna llena, los vecinos de Ciudad de México se despertaban sobresaltados al escuchar los fuertes lamentos de una mujer, la cual gritaba: ..Ay mis hijos..
La figura iba vestida de blanco y un velo cubría su rostro, mientras recorría las calles de la ciudad dirigiéndose hasta las orillas de un río, donde se desvanecía.
Dicen que la mujer, tras el abandono de su marido, decidió ahogar a sus hijos en el rio. Desde entonces, lamenta lo sucedido arrepentida y vaga por las calles de la ciudad. Hay quien afirma que a día de hoy se puede oír su triste lamento.
da miedo jsjsjs
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